Últimamente se habla mucho de la falta de autoridad del profesorado. Como todo aquello que hay que solucionar en educación se promulga una nueva ley (véase educación para la salud, vial, prevención de la violencia de género,…) y los profesores en lugar de protestar, como es habitual, consideran que se soluciona el problema porque “tienen la sartén por el mango”. Pero conozco profesores que son capaces de estar en un aula complicada y no tener ningún problema de autoridad (sin necesidad de hacer un curso de kárate); profesores que hablan y hablan, los alumnos no molestan, pero tampoco atienden,… hay tantas y tantas variables.

¿Pero qué significa exactamente autoridad? Podemos centrarnos en Wikipedia o en el Diccionario de la Real Academia Española y nos daremos cuenta de que hay dos tipos de autoridad: una legal y otra moral. Es cierto que la legal permitirá legitimar algunas de las actuaciones de los profesores, pero esa autoridad legal no deriva automáticamente la autoridad moral, puesto que esta se concede por el otro, en la relación que mantiene contigo, cuando éste se convence de que el objetivo del profesor es intentar acompañarlo hasta dónde quiere llegar, aunque no siempre lo consigue, y acepta (el profesor) los defectos y las virtudes del alumno.

Nota: Aceptar al alumno no significa que no se le corrija cuando el alumno no hace lo que se espera de él (tanto académica como personalmente).

Creo que aunque no aborda el tema de la autoridad de forma directa, y puede tener alguna apreciación discutible, es interesante el post Relationships and Uncertainty Matter Most: David Brooks in the New Yorker on Educational Excellence.

La autoridad se gana en el aula cuando el profesor respeta (se pone en el lugar) a los alumnos, tanto desde el punto de vista personal como académico, se muestra justo en sus decisiones y se abre a la escucha de los alumnos. No confundamos la autoridad con la capacidad de sancionar de forma automática. Eso es Poder, que es algo diferente. Recordemos que no todo el que tiene poder tiene autoridad.

Para finalizar: “Todo gran poder exige una gran responsabilidad”

Se montrer autoritaire reste le moyen le plus sûr de perdre toute autorité. Robert SABATIER (Le livre de la déraison souriante. Paris, Albin Michel, 1991, p. 89)

 

 

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