El Conselleiro de Educación da Xunta de Galicia indica que el “acoso escolar es una realidad que se está incrementado en las últimas semanas”. Un amigo mío comentó, es orientador, que eso lo dejaba más tranquilo, porque así se encontraría dentro de la normalidad. Desde mi punto de vista es curioso que el acoso escolar se incremente, justamente, en las últimas semanas. Curiosamente las mismas en las que se ha presentado la Lei de Convivencia.

Yo tengo la impresión de que el acoso escolar no ha aumentado, aunque tampoco sé si ha disminuido, respecto a otras épocas. En lo que hemos ganado es en la sensibilización de toda la sociedad ante este problema de convivencia. Pero está claro que si nos fiamos de las afirmaciones del conselleiro la sensibilización no es suficiente. Cuando era estudiante tuve compañeros que acosaban y compañeros que eran acosados y desgraciadamente, guardábamos silencio, porque no debíamos ser unos “chivatos”. Los padres de los alumnos que lo sufrían simplemente los cambiaban de centro educativo.

Pero es difícil escapar del acoso escolar, puesto que debemos tener en cuenta que la escuela no es más que un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Y simplemente viendo algún programa de televisión es difícil sustraerse a un cierto grado de violencia: hasta los más renombrados “comentaristas” o “intelectuales” utilizan un lenguaje en el que no se pretende convencer, sino vencer; las conversaciones se realizan a gritos e insultando. Nos “comunicamos” a través de redes sociales, correos electrónicos,… Como padres exigimos a nuestros hijos los mejores resultados, sumiéndolos en una carrera de alta competición, a veces a cualquier precio.

Posiblemente, y mucho más que leyes, sea necesario un cambio de mentalidad social. No se puede separar el acoso escolar de los demás casos de acoso o maltrato de género que se producen en nuestra sociedad. Es evidente que en ocasiones pueden ser necesarias sanciones, pero si no hay una actuación educativa el acosador de alumnos se puede convertir en un maltratador al llegar a la edad adulta. Recordemos que en ocasiones el castigo sólo previene al castigado para que la próxima vez sea más cuidadoso y no sea sancionado. La idea clave es promover la responsabilidad.

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