Recuerdo un episodio de Los Simpson en el que Lisa robaba los manuales de aula de sus profesores.  http://es.wikipedia.org/wiki/Separate_Vocations (no encuentro un enlace en el que aparezca el episodio y no creo que fuese legal de todo). En esta situación se produce un ataque de pánico en los profesores, que no son capaces de continuar con su actividad docente cotidiana. Finalmente se resuelve la situación con el consiguiente alivio de los profesores.

Creo que, en muchas ocasiones, los profesionales de la docencia somos excesivamente dependientes de los libros de texto. La opinión se debe a la observación, tanto desde el punto de vista profesional como desde el punto de vista de padre. Existe, en algunos profesionales de la educación, la idea de que el libro de texto es la guía única para el aprendizaje del alumno y se produce una carrera para desarrollar todos los capítulos del libro a lo largo del curso escolar. Las páginas y los ejercicios se suceden desde el primer día hasta el último y así un curso tras otro.

No voy a negar la importancia que puede tener el libro de texto como un apoyo al aprendizaje del alumno o como una guía útil para no perderse en los recovecos de la programación, pero quiero centrarme en dos puntos que considero fundamentales y ante los cuales la dependencia del libro de texto puede ser contraproducente:

  • Contextualización del aprendizaje: Está claro que el currículo aprobado es común para todas las autonomías, pero también es cierto que se exige a los centros escolares y a los profesores que están en ellos que se contextualice es currículo para adaptarlo a las condiciones sociales y personales de los alumnos del centro educativo. Estoy absolutamente convencido de que los profesionales que han diseñado los libros de texto de cualquiera de las editoriales que hemos manejado lo han hecho desde la mejor perspectiva pedagógica, utilizando todos los recursos a su alcance, con los mejores asesores de diseño,… pero lo han hecho desde sus propios despachos. En los libros de texto no hay diferencia entre un centro público de la periferia y un centro privado del barrio de Salamanca. O entre un centro de una línea y un centro de cuatro líneas.
  • Atención a la diversidad: La carrera por desarrollar el temario que aparece en los libros de texto hace que se igualen las expectativas de los alumnos, por lo que se buscarán siempre las mismas actividades para todos, intentando que sigan el mismo ritmo. No obstante eso impide la selección de actividades dependiendo de las capacidades e intereses de los diferentes alumnos, lo que puede suponer que los alumnos con altas capacidades no se sientan motivados y los alumnos con dificultades de aprendizaje se sientan desbordados.
Por otra parte, fuera de esos temas pedagógicos, la utilización del libro de texto como libro de cabecera impide la innovación por parte del profesorado, puesto que éste se decide por la receta segura en lugar de intentar probar actividades alternativas que motiven a los alumnos o los lleven a utilizar todas las competencias que deben desarrollar. El desarrollo de las competencias básicas debe alejarse de la utilización diaria del libro de texto, puesto que desde ese punto de vista el libro de texto sólo permite desarrollar de forma parcial las competencias básicas.
Pero los profesores no son los únicos responsables de esta situación: los padres exigimos que nuestros hijos estén evaluados de forma justa y confundimos esto con que la única forma justa de evaluar es utilizar los exámenes tradicionales, puesto que así podemos comparar con lo que nos “dicen los libros”. Con esta actitud estamos devaluando la profesionalidad de los profesores, al considerar que cuando evalúan actividades no tradicionales no son capaces de valorar con justicia a nuestros hijos.
Espero que no se tome este post como un ataque a las editoriales, pero sí que nos lleve a reflexionar sobre la utilidad justa de los libros de texto en el aula.
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